Música
Luciano Pereyra tuvo su gran noche de festejo

Luciano Pereyra tuvo su gran noche de festejo

En el hipotético caso de que algún distraído, entre los 40 mil asistentes al show de este caluroso sábado en Vélez, pasara por alto los veinte años que se coronaban esa noche, un seductor y por demás carismático Luciano Pereyra (notablemente habilidoso para el baile y sin pudores para coquetear en vivo con sus fanáticas) no tardaría en hacérselo saber. “Hoy es un día de celebración”, repetía tantas veces fueran necesarias el embajador del folclore durante las tres horas ininterrumpidas de una festiva jornada al aire libre.

Pasada apenas una hora del horario anunciado para su debut en un estadio con La vida al viento Tour, mientras la figura de un drone sobrevolaba con vista aérea en las plateas y la falsa neblina (producto de una poderosa máquina de humo) se fundía en el alarido incesante de un batallón de mujeres, asomaba entonces y desde una plataforma móvil debajo del escenario, el ícono musical.

Al son de las primeras estrofas de Me gusta amarte y sin un soplo de viento que por allí corriera, el cantautor decretaba con una expresión serena en su sonrisa el inicio de una fiesta “a lo grande”. Y como todo festejo, advertía, “se hacen con amigos”. Fue entonces cuando tras haber entrado en calor con temas como Sin testigos, No te puedo olvidar y Vestido rojo, irrumpía en escena la primera invitada extranjera para entonar a dúo una dulce versión de Seré, recordada cortina de la telenovela Esperanza mía. “Ella es Camila Gallardo y es la gran voz de Chile”, anunciaba sobre la estrella internacional de cabello rizado y rostro angelical surgida de la versión chilena del reality The Voice.

Autor de un sinfín de letras atravesadas por el amor -que unió como popurrí a mitad del espectáculo-, el oriundo de Luján regalaba dos temas inéditos en una suerte de karaoke en vivo. “Me gustaría que todas ustedes fueran las modelos de este nuevo video”, avisaba con dos pantallas gigantes detrás, cuya función era que los presentes pudieran leer el estribillo desde cualquier ubicación.

Estrenada Quedate conmigo, llegaba el turno de Casarme contigo y con ella el pedido pícaro de un Luciano capaz de hacer sonrojar a todos aquellos señores acompañando a sus parejas. “Podrían aprovechar todos los hombres esta noche para pedirle matrimonio a su mujer”, provocaba quien sobre el final del show recibía un cuadro doble platino por las más de 40 mil copias vendidas en formato físico y digital, además de una distinción por los 56 sold out desde que inició su gira por Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Estados Unidos.

Transcurridos 120 minutos en los que el sonido del charango, el acordeón y el violín conducían los diferentes climas de la velada, el cantante -cuyo vestuario total-white de camisa y pantalón causaba suspiros- le cedía terreno a la emoción.

Sensibilizado hasta las lágrimas, en la performance de Tu mano afloraba su costado más humano. “Cuando nos unimos, los argentinos podemos hacer muchas cosas”, subrayaba un Luciano que, desapegado del rol de showman, pedía que transformaran los obsequios pensados para él en donaciones para crear una cruzada solidaria.

Acto seguido y entre globos blancos multiplicados en la platea, llegaba el turno del homenaje a su padrino en la profesión. La imagen del fallecido Horacio Guarany inundaba nuevamente de emoción al ex Festilindo, que lo honraba en cada estrofa de Memorias de una vieja canción.

En clave de galán y frente a una amplia mayoría femenina en el predio -que sostenía carteles con frases como “Lu, sos mi poliamor”-, también había espacio para un divertido ida y vuelta que elevaba aún más los 23 grados de temperatura. Elegida entre el público por una llamativa corona de luces, una señora que promediaba los 50 años lanzaba al pie del escenario la parte inferior de su lencería provocando la humorada de Luciano.“¿Cómo sabías que el azul era mi color preferido?”.

Invitada de la casa, la estrella chilena Luciano Jara cosechaba aplausos con su versión de Zamba para olvidar al igual que el cantante Antonio José (también telonero del show) deleitaba con la suya de Cuando te enamores.

Y si algo faltaba como broche final para dos décadas de triunfos de Luciano Pereyra, era la intervención artística (y personal) de su amiga y colega Soledad Pastorutti con la que, a pedido del público, fundía su talento en otra versión del hit Culpable o no de Luis Miguel.

“Esto no es política, esto es música y la música nos une”, acentuaba él mientras la jurado de La Voz Argentina, en la misma línea, invitaba a la reflexión: “Aunque siempre nos tocó competir por distintas compañías de trabajo, nunca existió una grieta entre nosotros. Debemos alegrarnos cuando al otro le va bien, en todos los ámbitos”.

Promesa musical desde niño, esta vez no sólo deleitaba con sus clásicas baladas sino que, motivado por la fusión de este género con ritmos urbanos y tintes de pop latino, explotaba con swing sus cualidades para la danza. Dotes que el público, agradecido por su envolvente movimiento de caderas, aplaudía de pie.